D.O. Cariñena

Coloración del vino tinto: ¿qué influye en su evolución y qué tonos existen?

Hay infinidad de aspectos en los que podemos fijarnos al probar un vino por primera vez: su aroma, su sabor, su intensidad… y, por supuesto, su color. 

En el caso de los vinos tintos, la gama cromática es especialmente amplia y puede darnos muchas pistas sobre la variedad de uva, el proceso de elaboración y la evolución de cada vino.

¿Quieres saber más sobre la coloración de los vinos tintos? En este artículo te presentamos sus principales tonalidades y los factores que influyen en ellas.

La importancia del color del vino en su cata

El color es lo primero que percibimos al catar un vino, incluso antes de acercarlo a la nariz o probarlo. Además, su tonalidad, su intensidad y su brillo son mucho más significativos de lo que puedes imaginar.

Y es que a través de ellos podemos intuir, por ejemplo, la juventud o evolución del vino, la variedad de uva utilizada, el grado de extracción durante la elaboración o incluso ciertos matices relacionados con su crianza.

Por ejemplo, los tonos violáceos o púrpuras suelen asociarse a vinos jóvenes, mientras que los matices granates, teja o anaranjados normalmente indican una mayor evolución.

Por eso, observar el vino en la copa es el primer paso para empezar a comprenderlo. Su color es la carta de presentación y nos ayuda a anticipar algunas de las sensaciones con las que nos encontraremos después en nariz y boca.

Colores y tonalidades del vino tinto

La coloración de los vinos tintos es muy extensa, y no es casualidad. Al final, cada tonalidad depende de variables como la uva, el tiempo de maceración, la edad del vino, el tipo de crianza o su evolución en botella.

Veamos cuáles son los principales colores del vino tinto y qué suele indicar cada uno de ellos.

Tonos violáceos y púrpuras

Los tonos violáceos y púrpuras suelen ser característicos de vinos tintos jóvenes. Son colores vivos, intensos y brillantes que transmiten frescura y energía a simple vista.

En la copa, estas tonalidades suelen asociarse a vinos con una marcada expresión frutal, sobre todo de fruta roja o negra fresca. También pueden sugerir que el vino conserva buena parte de su vivacidad y que todavía se encuentra en una fase temprana de evolución.

color vino tinto

Colores rojos, rubí y granates

Los colores rojos, rubí y granates son muy habituales en vinos tintos con algo más de recorrido. El rubí suele reflejar equilibrio, viveza y cierta madurez, mientras que los tonos granates apuntan a una evolución algo mayor.

A diferencia de los matices violáceos, estos colores resultan menos eléctricos, pero su apariencia es atractiva y más estable. Son tonalidades frecuentes en vinos que han ganado complejidad con el tiempo, pero sin llegar a perder su carácter fresco y frutal.

Tonos teja o anaranjados

Los tonos teja, cobrizos o anaranjados suelen aparecer en vinos tintos con una evolución más avanzada. Se perciben sobre todo en el borde de la copa, donde el color puede volverse más claro y mostrar reflejos cálidos.

Son normales en vinos envejecidos y no tienen por qué indicar un defecto. Eso sí, cuando el color parece apagado o sin brillo, es mejor valorar el vino en conjunto, prestando atención también a sus aromas y sabores.

Principales factores que influyen en la coloración del vino

Detrás de cada tonalidad del vino tinto intervienen diferentes factores relacionados con la uva, su elaboración y el paso del tiempo. Algunos influyen desde el primer momento, durante la vinificación, y otros van modificando el color poco a poco a medida que el vino evoluciona.

Entre los más relevantes se encuentran:

Variedad de uva utilizada

Existen muchos tipos de uva, y la variedad utilizada en cada caso es determinante en la coloración del vino tinto.

Y es que no todas las uvas tienen la misma cantidad de pigmentos en la piel, por lo que algunas dan lugar a vinos más intensos y oscuros, mientras que otras producen colores más ligeros y transparentes.

Por ejemplo, la Garnacha tinta puede aportar rojos vivos y brillantes, mientras que variedades como la Cariñena, la Syrah o la Cabernet Sauvignon pueden dar lugar a vinos de color más profundo. Aun así, el resultado dependerá también de otros factores, como la elaboración, la crianza o la edad del vino. Pero, sin duda, la uva ya marca una parte clave del color final.

Fermentación y temperatura

Durante la fermentación, el mosto permanece en contacto con los hollejos, es decir, con la piel de la uva, que es donde se encuentran buena parte de los compuestos responsables del color. Cuanto mayor sea ese contacto, más pigmentos podrá extraer el vino.

Además, la temperatura juega un papel importante. Una fermentación a temperaturas más altas puede favorecer una mayor extracción de color, aunque siempre debe controlarse para no afectar de forma negativa a la calidad del vino. En este punto, el trabajo del enólogo es fundamental para lograr el equilibrio deseado entre color, aroma, sabor y estructura.

Crianza en barrica

La crianza en barrica también puede influir en la evolución del color del vino. Durante este proceso, el vino está en contacto con la madera y recibe pequeñas cantidades de oxígeno, lo que contribuye a que sus tonalidades cambien poco a poco.

En los vinos tintos con crianza, los colores más violáceos suelen suavizarse y dar paso a matices rubí, granates o incluso teja con el tiempo. Asimismo, la barrica puede aportar mayor estabilidad al color y acompañar la evolución del vino, haciendo que su aspecto resulte más complejo y maduro.

Edad del vino

La edad es otro factor fundamental para entender la coloración de los vinos tintos. Por un lado, los vinos jóvenes tienen tonos más vivos, brillantes y violáceos; por otro, los vinos con más años tienden a mostrar colores más apagados, granates, teja o anaranjados.

Este cambio forma parte de la evolución natural del vino. Con el paso del tiempo, los pigmentos se transforman y la intensidad del color se va perdiendo. 

Por eso, si observas el borde de la copa, puedes obtener pistas sobre la edad: cuanto más naranja sea el reflejo, mayor evolución suele tener el vino.

color vinos tintos

Aspectos que nos revela la coloración o tonalidad del vino

Como hemos visto, el color del vino tinto puede ofrecernos mucha información interesante antes de probarlo. Aunque no hay que interpretarlo de forma aislada, su tonalidad, intensidad y brillo nos ayudan a hacernos una idea del vino que tenemos delante:

  • La tonalidad puede indicarnos si se trata de un vino joven, con crianza o con una evolución más avanzada.
  • La intensidad habla de la variedad de uva, del grado de extracción o de la concentración del vino.
  • El brillo y la limpieza visual también influyen en la primera impresión: un vino brillante suele resultar más atractivo, mientras que uno apagado o turbio invita a valorarlo con más atención.

En definitiva, la coloración de los tintos no nos da respuestas absolutas, pero sí pistas clave para la cata. Es una primera señal que cobra sentido cuando la unimos al aroma, al sabor y a la sensación final en boca.

Consejos para observar correctamente el color del vino

Para apreciar bien el color de un vino tinto, no hace falta que seas un experto. Solo tienes que cuidar pequeños detalles como estos: 

  • Busca una buena iluminación, mejor si es natural. Las luces demasiado cálidas o artificiales pueden alterar la percepción del color.
  • Usa siempre una copa limpia y transparente, que te permita ver el vino sin interferencias.
  • Obsérvala sobre un fondo blanco, como una servilleta de papel o un mantel, para distinguir mejor su tonalidad e intensidad.
  • Inclínala ligeramente y mira el vino desde diferentes ángulos. En el centro apreciarás mejor la profundidad del color y en el borde podrás ver matices relacionados con su evolución.

Al final, observar el color también es una forma de acercarse al carácter de cada vino. En los tintos de la Denominación de Origen Cariñena, esa primera mirada puede revelar la diversidad de un territorio donde la Garnacha y la Cariñena ocupan un lugar esencial, dando lugar a vinos con viveza, profundidad y una personalidad muy ligada a su origen.

Te invitamos a descubrir esta D.O. a través del enoturismo o de nuestras experiencias en bodega, y dejarte sorprender por la historia, carácter y gran diversidad de matices de sus vinos.

Otras cuestiones comunes sobre el color del vino tinto

¿Cuál es la diferencia entre color, capa e intensidad del vino tinto?

Aunque a veces hablamos de estos términos como si significaran lo mismo, no son exactamente iguales:

  • El color hace referencia a la tonalidad del vino, es decir, si presenta matices violáceos, rubí, granates, teja o anaranjados, entre otros.
  • La capa, en cambio, se refiere a la mayor o menor opacidad del vino. Un vino de capa alta deja pasar poca luz y se ve más oscuro, mientras que uno de capa baja resulta más transparente.
  • La intensidad está relacionada con la fuerza o concentración visual de ese color.

¿Qué relación existe entre el color del vino tinto y su calidad?

El color puede darnos pistas sobre un vino, pero no determina por sí solo su calidad. Un vino más oscuro no tiene por qué ser mejor que uno más claro, igual que un vino con tonos más evolucionados no tiene por qué estar en mal estado.

La calidad depende del equilibrio entre muchos factores: aroma, sabor, estructura, frescura, elaboración y conservación. Por eso, siempre debemos interpretar el color como una parte más de la cata, en conjunto.

¿El vino tinto cambia de color con el paso de los años?

Sí, el color del vino tinto evoluciona con el tiempo. Esto explica por qué los vinos jóvenes suelen mostrar tonos más vivos, violáceos o rojos brillantes, mientras que los vinos con más años tienden a desarrollar matices granates, teja o anaranjados.

Este cambio es natural y forma parte de la evolución del vino. Cuando va envejeciendo, la intensidad del color puede disminuir y los reflejos del borde de la copa suelen volverse más cálidos.

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