Suelos pedregosos, viñedos abiertos al cierzo y un clima de contrastes dan forma a un paisaje que deja su huella. La tierra está presente en la viña, en la uva y en la forma de trabajar este lugar.
Ubicación
La D.O.P. Cariñena se extiende por el valle medio del Ebro, en la provincia de Zaragoza, y reúne 16 municipios en un paisaje de viñedo situado entre los 400 y los 800 metros de altitud. La vid se cultiva aquí desde época romana, y ese tiempo prolongado sigue presente en la forma de entender y trabajar este territorio.
El año avanza entre inviernos fríos, veranos secos, precipitaciones escasas y una amplitud térmica que acompaña el ritmo de maduración de la uva.
El cierzo forma parte del equilibrio natural del viñedo. Su presencia favorece la sanidad de la uva, ayuda a prevenir enfermedades y acompaña su desarrollo desde el brote hasta la vendimia.
Suelos
La D.O.P. Cariñena no responde a un único suelo, sino a un conjunto de materiales que dan forma al paisaje y al comportamiento de la vid.
Los suelos marcan cómo crece, cómo accede al agua y cómo se expresa el territorio en cada vino.
Tipos de suelo en la DOP Cariñena
Suelos Arcillosos
Sedimentos formados junto a los ríos. Retienen humedad y acompañan el crecimiento equilibrado de las cepas.
Terrazas Pedregosas
Capas antiguas de gravas y cantos rodados. Permiten un drenaje natural y regulan la temperatura del suelo.
Suelos rojos oxidados
Arcillas ricas en hierro que tiñen el paisaje. Aportan estructura y matices propios al viñedo.
Suelos de vertientes («royal»)
Terrenos de ladera con acumulación de materiales. Textura diversa que influye en el ritmo de la vid.
Suelos de calizas
Base calcárea con presencia constante de piedra. Favorecen un desarrollo profundo de las raíces.
Suelos de pizarras o cuarcitas
Suelos con fragmentos de roca oscura mezclados con tierra arcillosa. Aportan textura y diversidad dentro del conjunto del territorio.
Viñedo
El viñedo configura este territorio desde hace generaciones. La variedad Cariñena comparte nombre con la denominación y ocupa un lugar esencial en su historia vitícola. La Garnacha encuentra también aquí una de sus expresiones más reconocibles.
La atención a la cepa y a su evolución mantiene vivo un oficio profundamente ligado al lugar.
El vino que nace de las piedras
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